Imagen de Alyibel Colmenares en Pixabay

Durante de mis ya veinticinco años como docente universitaria en temas de emprendimiento, y más de una década como intraemprendedora y empresaria,   he considerado  que el reto que implica la creación de una empresa y asegurar su sostenibilidad en el corto, mediano y largo plazo, es una combinación  de la aplicación de  las  buenas prácticas para ejecutar un plan de negocios exitoso,  el desarrollo de habilidades específicas para afrontar el reto de liderar iniciativas empresariales, y la dimensión axiológica o conjunto de valores que como individuos sustentan nuestras decisiones en la gestión de una aventura que tiene  un significado socialmente más amplio del que la riqueza que  se espera crear.

En mi actuación como educadora, ejecutiva y empresaria, he promulgado la necesidad de mantener en equilibrio estas tres dimensiones.  Sin embargo, considero que precisamente en el hoy, con una condición tal vez como nunca lo ha vivido nuestra generación – una pandemia que no veíamos venir- y ni que técnica ni psicológica o sociológicamente estábamos preparados para enfrentar, la dimensión de los valores adquiere una mayor importancia para nosotros los emprendedores.

Muchos investigadores en el campo del empresarismo, han elaborado escalas de valores que incluyen los de carácter instrumental, que están relacionados con parámetros de comportamiento con los grupos de interés del ejercicio empresarial, y los terminales que reflejan lo que queremos alcanzar en nuestro proyecto de vida como empresarios (as)[i] .En dichas escalas se han encontrado bien posicionados valores como la valentía, la ambición, la tenacidad, la perseverancia, la integridad, el compromiso, la responsabilidad, la innovación, entre otros. No obstante, en pocas de estas escalas se señala la generosidad como un valor esencial del individuo; un valor que se entiende como esa facultad que tenemos de dar a otros, de forma honesta sin esperar que seamos compensados por estos actos[ii]

Ahora bien, se podría decir, que, aunque la generosidad no se haya listado usualmente, en “los decálogos” de la ética del emprendedor(a), ésta se hace explícita y práctica con el enfoque de la responsabilidad social empresarial, como paradigma de sostenibilidad en el que sin duda creo, pero en este contexto, sigue habiendo un sentido de reciprocidad y de equilibrio. Se comparte el valor ganado con la expectativa de que el mercado y la sociedad en general, reconozca nuestro esfuerzo empresarial y por ende seamos una marca reputacionalmente apalancada, un sitio reconocido como excepcional para trabajar, una empresa apreciada por los proveedores e incluso por los competidores; todo lo cual, de alguna forma, se traduce en una forma de compensación.

Me refiero entonces, a la generosidad en un sentido que implica otras formas de desprendimiento, sobre las que invito a la reflexión, en especial por el contexto que estamos viviendo. La primera, motiva a desprendernos de nuestro sentimiento de incapacidad por no encontrar soluciones a este desafío al que nos vemos enfrentados; debemos ser generosos con nosotros mismos para percibirnos como vulnerables, como personas que tenemos temor ante las circunstancias, lo cual simplemente apalancará la fuerza vital para dar el siguiente paso.  Demanda darse la posibilidad de que este espacio de estar en familia motivado por el aislamiento, no solo sea el tiempo que por fin tenemos dentro de nuestras agendas para resarcirnos con quienes hemos tal vez dejado en segundo plano por estar buscando “un mejor futuro para todos”, sino que sean ellos, nuestros hijos, nuestra pareja, la fuente de escucha y apoyo que necesitamos.

La segunda – también desde la perspectiva de nuestro ser interior – se refiere a desprendernos del carácter infalible de las fórmulas en los negocios; de retomar el estadio de humildad como punto de partida.  Es importante, darse la oportunidad de fortalecer nuestra dimensión espiritual, que, por fuerza de la racionalidad del quehacer empresarial, muchas veces hemos dejado a un lado, dando prioridad al forecast de la economía y a lo que los indicadores de gestión dicen que va a pasar por su sustento lógico. La fe y la esperanza, también caben en la ecuación; y no se trata de  recurrir solo a la religión, aunque afianzar nuestras creencias en este campo es absolutamente válido, debo aclarar; se trata además, de rescatar nuestra capacidad de asombro a partir de ser conscientes de las condiciones  que nos están  haciendo cambiar como seres humanos,   y que renovarán entre tantas perspectivas, el contexto de los negocios a partir de un sinnúmero de hechos que no habríamos imaginado y que nos sorprenderán positivamente, como nuevos caminos para resolver los problemas que hoy nos preocupan.

La tercera , invita a desprendernos de aquellos paradigmas que probablemente hemos acopiado de forma silenciosa frente a las necesidades de nuestros socios(as), como individuos; esto significa que nos demos la oportunidad de escuchar a quienes nos acompañan en la gesta empresarial , sobre lo que como personas – no solo como empresarios-  han evolucionado, su nuevas expectativas , y como  estas circunstancias pueden vislumbrar otros escenarios sobre los cuales hay que reflexionar, discutir y alinearse. Una alineación que requerirá de una nueva concertación consciente y aunada sobre lo que se apostará para el mañana, y que exigirá una nueva cesión de intereses personales, así como se hizo cuando se inició el negocio.

La cuarta, y no por este orden de abordaje es la menos importante, sino que considero requiere de haber avanzado en los tres anteriores. Es la respuesta al llamado que la sociedad hace a nosotros los (las) empresarios(as) a tomar decisiones en pro de la garantía de los puestos de trabajo, con la renuncia a las expectativas de utilidades para mantener el empleo; considerando de plano en esta decisión, que no es una inversión que retornará fácilmente. Puede que nunca sea recuperado desde el punto de vista económico, pero sin duda es tan inmensamente significante para quienes nos acompañan desde su labor diaria en el logro de los objetivos que nos fijamos.

¿Y en realidad la generosidad no tiene compensación? ¿Desprendernos no implica reciprocidad? Por definición se ha dicho que no; sin embargo, si se activa de forma maravillosa una consecuencia inesperada: la gratitud, un sentimiento tan poderoso que encauzará los esfuerzos colectivos y solidarios para recomponer un porvenir que como en otros momentos de la humanidad, en realidad será mejor.

Sandra Ximena Díaz Sánchez

Administradora de Empresas

Especialista en Tecnología

Magister en Gestión de Organizaciones

Consultora Asociada Empreser Tejido Empresarial

Docente Cátedra

[i] Tomado y adaptado de Isis (2013) http://diem5comportamientoorganizacional.blogspot.com/2013/03/valores-terminales-y-valores.html

[ii] Tomado y adaptado de  Los Valores (S.F.) https://losvalores.org/que-es-la-generosidad/