No me cabe duda, la inteligencia emocional es la habilidad nuclear del siglo XXI; los seres humanos necesitamos hoy más que nunca, reconocer la importancia de esta habilidad en el desarrollo de otras de nuestras competencias. La violencia desatada en los últimos días en las principales ciudades de Colombia me ha llevado a reflexionar de manera más profunda, en la toma de consciencia que debemos generar en nuestra sociedad, frente a los efectos que conlleva el manejo inadecuado de las emociones.

Quiero referirme a la necesidad de comprender la relación directa entre lo que sentimos y pensamos, así mismo, reconocer el elevado flujo de información visual y auditiva a la que nos vemos enfrentados cotidianamente, a través de los medios de comunicación formal y de las redes sociales, que influye positiva o negativamente en nuestro pensar, sentir y actuar.  ¿Estamos filtrando dicha información? ¿Transmitimos con efectividad las emociones que nos genera dicha información?  ¿Sumamos o restamos tranquilidad con la manera como reaccionamos a dichas emociones? ¿Nos resulta sencillo o complejo reaccionar en beneficio propio y de la sociedad de la que hacemos parte?.

La verdad, se agolpan en mi cabeza infinidad de preguntas, pero sobre todo una aparece repetidamente – ¿Qué quiere lograr cada persona al elevar su voz de protesta desde la violencia? – Y, solo atino a pensar, la violencia trae más violencia, aquello que consideramos estar haciéndole a otra persona, a un gobierno, un pueblo o una sociedad, en realidad nos lo estamos haciendo a nosotros mismos. Nadie da de lo que no tiene, pero si es así, ¿Cómo hemos aprendido dichas emociones?, tengo la seguridad del poder que ejercen nuestras creencias en nuestros comportamientos y percibo que estamos repitiendo una y otra vez las mismas situaciones a lo largo de la historia. Considero, que podemos generar momentos empoderantes, agradables y de desarrollo o por el contrario, limitantes, desagradables y de estancamiento para la humanidad de la cual somos parte. Y entonces, me surge un nuevo cuestionamiento, ¿será que tenemos que replantear nuestras creencias y revisar cuántas de ellas siguen siendo vigentes?

Creo que nos merecemos un presente y un mañana con la vivencia de emociones naturales de seguridad, amor y alegría. Por eso, invito a hacer las dos siguientes reflexiones: ¿Cómo estamos gestionando nuestra   inteligencia emocional? y ¿De qué manera podemos jugar un rol en la vida que genere un cambio positivo en nuestro amado país?, a fin de abrir espacios que contribuyan a forjar la huella o el legado por el que deseamos ser recordados.