Desde tiempos remotos los seres humanos hemos estado buscado ampliar las fronteras con intenciones comerciales, de negocio y políticas, entre otras. De hecho, ese ha sido el motor de los procesos de colonización en la historia de la humanidad.

A pesar de que los tiempos y las formas de trascender las fronteras geográficas han cambiado y se han acelerado, este proceso, al que llamamos globalización si bien no es reciente, hoy plantea la necesidad de reconocer la importancia de la interdependencia entre naciones y, por lo tanto, entre individuos. En este sentido, en el mundo contemporáneo hacer realidad intenciones comerciales con productos y servicios dirigidos a diferentes grupos de personas, fuera de los límites de cada país y que agreguen valor, implica necesariamente intercambio cultural y uso de sistemas de telecomunicación diversos, de forma que la interacción con personas de cualquier lugar del planeta está a la distancia de un “click”.

Como es de esperar, esto requiere que las organizaciones implementen formas de liderazgo en las que se reconozcan y se acojan de manera respetuosa las diferencias étnicas, sociales, culturales, religiosas y de género de sus diferentes grupos de interés y, si bien esto se puede solucionar identificando y seleccionando líderes con experiencia de trabajo en diferentes contextos geográficos y culturales, creo que también es necesario pensar en la forma de desarrollar competencias para la interacción multicultural desde muy temprano en la vida de hombres y mujeres.

¿De que manera podemos contribuir a que las y los jóvenes en formación aumenten su bagaje cultural y se preparen para el liderazgo multicultural?

  1. Promovamos la sensibilidad cultural, estimulando en las y los profesionales en formación y desarrollo, el interés por lo diferente y su amplitud perceptual en lo relacionado con su perspectiva de los otros. Esto se puede hacer a través del consumo de literatura, videos, podcast y series sobre temas culturales sociales y políticos, los intercambios académicos y laborales y el vínculo a comunidades de práctica globales en temas de su interés.
  2. Generemos espacios de interacción con personas de diferentes culturas mediante el uso de las redes sociales o encuentros sociales físicos de interculturalidad.
  3. Propiciemos espacios de reflexión para analizar como es el comportamiento que asumimos en presencia de la diferencia de nacionalidades, etnias, género, costumbres y religiones, entre otros. ¿Qué aprendemos de estas reflexiones?, ¿Qué prejuicios reconocemos? ¿Qué habilidades desarrollamos? ¿Cómo nos preparamos para mejorar nuestra capacidad de adaptación ante la diversidad?
  4. Reconozcamos los puntos de vista de los otros y pongámoslos en diálogo con los nuestros, identifiquemos similitudes, diferencias, aspectos en común y experimentemos nuevas formas de comportamiento respetuosas y flexibles ante la diferencia.

Si la naturaleza dotó a la humanidad de tanta diversidad, no cabe duda de que ella es necesaria y nos da la complementariedad que requiere un mundo complejo, en el que cosmovisiones diferentes aporten soluciones a problemas igualmente diversos.